Un revival sacude a Buenos Aires, las "chicas Olmedo" vuelven una a una a la pantalla chica con "mitos e historias de un amor descartable" y con ellas los recuerdos de millones de hombres afloran, mientras vuelven a ser las únicas protagonistas, igual que cuando el negro Alberto Olmedo las tenía a su lado para grabar programas que nadie nunca podrá olvidar. De aquella época a hoy pasaron más de veinte años, y en el departamento de palermo de Adriana, su figura sigue tan impactante como cuando entraba reclamando por su "maestro", aquel genial "manchanta" de "no toca botón". Mucho más tranquila que entonces, posa para las fotos, sonríe, se deja ver y cuenta que cuando tenía veintipico era la chica que todos querían tener en desfiles y promociones. Y cómo eso se convirtió en algo impensado que le cambiaría la vida para siempre.
Con un poco más de un metro y medio, una voz chillona y una actitud entre sexy y despreocupada, la "bebota" del negro Olmedo quedó congelada en el inconsciente colectivo para mantenerse ahí, quizás por siempre. Pero los años pasaron, y tras la muerte de su gran mentor, también existieron otros programas de televisión, un hombre fuerte de la política y dos hijos. La rubia de minifalda, la del comercial de televisores en los 80, la que pasaba si le decían "adianchi", la fantasía de todo hombre por encima de los 35, todavía conserva las curvas que la convirtieron en emblema nacional. Este mes conversamos con Adriana Brodsky, un mito argentino.
Empecemos por el principio, ¿cómo fue tu salto a la fama? Mi salto a la fama fue impensado y no buscado, porque lo que yo quería de la vida no era ser modelo, ni ser actriz y mucho menos ser famosa. En realidad quería ser bailarina clásica y hacer ballet en el Colón, pero la vida me llevó para otro lado. Yo empecé a trabajar desde muy chica, las promociones en los stands eran permanentes y después también participé en varias publicidades, y aunque no era lo que quería tampoco lo podía desaprovechar, porque en esos años significaba mucho dinero. Así que empecé con los desfiles, las publicidades y las promociones, hasta que un día apareció un representante de actores, dijo que me quería llevar a la televisión y que quería presentarme a Gerardo Sofovich. Al poco tiempo cumplió con su palabra, lo conocí a Gerardo y pronto estuve entre actores de televisión.
¿Cuántos años tenías en esa época? Yo empecé grande, nunca fui muy joven en el medio. En esa época tenía 25 años, pero como parecía mucho menos siempre estuvo todo bien, además tuve la suerte de que Gerardo se fijara en mi y me diera un personaje en “La Peluquería de Don Mateo” que en ese momento era lo máximo. Ese fue mi primer trabajo y estuve al lado de unos actores que eran unos monstruos, estaban Santiago Bal, Rolo Puente, Luisa Albinoni y Don Mateo que era el gordo Porcel. Fue mi primer papel de nena y mi salto a la fama. De ahí en más siempre fui la hija de alguien…, me tenían de hija a mí (risas). Para mí esa experiencia fue un salto súper importante porque pasé a trabajar con la gente más importante del medio, con décadas de experiencia y en un programa que en esos años tenía 60 puntos de rating. A partir de ahí comenzaron a aparecer las experiencias más alucinantes de mi vida.
¿Y fue este personaje aniñado el que te llevó hasta Olmedo? Yo creo que sí, porque la bebota nace recién con él, antes era otro personaje el que hacía. Cuando empiezo a trabajar con el Negro ya tenía treinta y pico, pero de nuevo daba mucho más joven y pensá lo fuerte que habrá sido esa experiencia que yo solamente trabajé dos años con él y quedaron décadas de historia, anécdotas y generaciones que siempre lo recuerdan.
¿Qué es lo que vos más recordas de Olmedo, su principal virtud? Su don de gente, eso es algo que siempre me descolocó. En general siempre me descoloca la buena onda, después me pueden traicionar que lo espero, pero cuando alguien viene con tanto respeto es como que me pasa algo raro, y Olmedo tenía todas esas virtudes: podía estar con una persona como yo, que nunca hubiera llegado a la cima, y la respetaba como si fuera un par. Entonces, cómo podés olvidarte de una persona así… además nos divertíamos mucho, y eso es algo que nunca más pude experimentar en otros trabajos. Era llegar a un lugar divertirse, pasarla bien, con respeto, fue realmente fantástico.
¿Qué sentís cuando ves que quedaste tan marcada en la memoria colectiva? Me encanta y agradezco todo el tiempo, porque siempre pensé que hay actores de verdad y yo simplemente acompañé a un grande y esto lo recibo casi de rebote. Muchas veces pienso que no me lo merezco, porque no lo esperaba y porque fue eterno. Yo trabajé con muchos personajes importantes como Porcel, Marrone, Calabró y el que quedó fue Olmedo.
¿Por qué crees que pasó eso? Yo creo que cuando se dan las cosas con esta fuerza, donde las personas y los hechos se eternizan, es como que se dieran todos los condimentos para tener la mejor comida y creo que Olmedo era eso, un cúmulo de cosas buenas, un sinfín de virtudes, la diferencia es que en vez de tener alguna cosa rara o diferente, tenía todas cosas copadas. En él se daba todo junto.
Tu personaje de la bebota inspiró a muchas: Luciana Zalazar, Julieta Prandi… Sí, creo que fui una pionera y eso me halaga mucho. A ellas las veo diosas totales, soy sexys, muy lindas y trabajan bárbaro, pero creo que como mi bebota no hubo nunca ninguna, y no lo digo por un tema de ego sino que es un tema de diferencias, todas las bebotas que vinieron después fueron muy sensuales y la mía era de entrar a los gritos: “¡¡¡¡Maeeestroooo!!!” (nota: escuchar gritar a la Brodsky es transportarse sin escalas a los 80). Mi bebota era todo lo opuesto a lo sensual, era un grito que aturdía y nunca más vi nada como eso, hay diosas alucinantes, súper seductoras, pero ese grito de libertad no lo encontré en ninguna. Además había otras diferencias, pensá que yo no tenía lolas, era chata, jamás aparecí en ropa interior, siempre con una minifalda y una pollerita…
¿Qué te parece que está fallando hoy en el humor de televisión? No sé si fallando, creo que está faltando gente que de verdad pueda transmitir su esencia. Olmedo era así, era divertido y era triste, pero esencialmente era un hombre con todas las letras, un ser humano fuera de serie. En el Negro no encontrabas cosas malas, así dijera una mala palabra nunca era mal recepcionada porque su columna vertebral y su esencia era de luz. Quizás eso ya no exista o esté tapado. Lo que uno transmite es lo más importante, hay que recordar que el público se da cuenta de todo, nunca hay que subestimarlo: por más dinero y producción que pongas, si no sabés transmitir no funciona, y mirá que yo no sabía bailar, ni cantar, ni actuar. Yo empecé en televisión diciendo solamente dos palabras “Hola señor” y “Chau señor”.
¿Cómo estás viviendo este regreso de las chicas Olmedo? Lo estoy viviendo mejor que nunca, porque recién ahora estoy pudiendo disfrutar lo que es tener determinada fama, porque si bien antes era súper famosa no tenía idea de lo que me estaba pasando, era todo a full, muy rápido y hasta el fondo. Ahora sigo manteniendo eso pero desde otro ángulo, ahora realmente disfruto de la gente que me para en la calle, de un nuevo trabajo, son muchas cosas que antes no veía.
Hace poco dijiste que tu momento más feliz fue cuando dejaste todo para formar tu familia. No tengas ninguna duda. El momento más feliz de mi vida fue cuando nacieron mis hijos. Yo me retiré de la televisión en lo mejor de mi carrera, en lo mejor de todo, dejé un lugar privilegiado, pero porque en realidad lo mejor que me podía pasar era estar embarazada, de hecho me fui a vivir a otro país, y tuve a mis chicos en Panamá (nota: Adriana estuvo casada con el “Tata” Jofré, hombre fuerte del menemismo, embajador y jefe de la Side con quien tuvo a sus dos hijos). Después que Olmedo murió, trabajé un año más haciendo televisión y teatro con Porcel, y la verdad que después de la muerte del Negro, tuve las mejores ofertas de mi vida. Aunque en general se piense lo contrario y crean que después de Olmedo para todas se acabó el trabajo, en mi caso fue al revés y llegó lo mejor.
¿Y en qué estas trabajando ahora? Estoy con varias propuestas: una es lanzar mi perfume que se va a llamar “Instint”, es mi faceta de empresaria. También estoy por empezar un programa por América 24 que va a centrarse en la cuestión inmobiliaria, vamos a recorrer propiedades, vivirlas por dentro y aprender a disfrutar de la casa. También tengo una propuesta para ir a Carlos Paz a hacer una comedia y otra obra en San Luis, y por último (cambia el tono de voz) también tengo una oferta para hacer un programa para chicos y es muy probable que lo haga. Finalmente me voy a sacar las ganas de hacer eso (risas).
PING-PONG Un libro: la biografía de Federico García Lorca. Un disco: ¿Un tema puede ser? No es pesado, es mi hermano. (Housemartins) Una comida: cualquiera que mezcle lo peruano con lo japonés. Una persona que admires mucho: Madre Teresa de Calcuta Una prenda de vestir: jeans