Logo, el último disco de Kevin Johansen es casi una definición de diversidad: melodías que transitan la cumbia, la bossa, el rock y el folk con letras que convierten a su compositor en uno de los más inspirados de la última década. Conocer parte de la historia de Kevin podría ayudar a entender esta diversidad. Nació en Alaska, vivió en San Francisco y a los doce años llegó a Buenos Aires para quedarse hasta principios de los 90, cuando de nuevo partió a New York, lugar donde formó su banda The Nada. Kevin llega de una gira que lo paseó por España y Chile mientras prepara para agosto y septiembre shows en La Trastienda.
Texto: José Medrano Fotografía: Javier Ferrand para Motivarte
Protegido con capucha y gorro, el frío tiene una batalla perdida ante un Kevin Johansen que llega después de ensayar al lugar en el que se harán las fotos y la entrevista. Guitarra en mano, sigue al fotógrafo y, ante el pedido de este cronista, empieza a tocar “Susan Surrender” mientras los flashes lo envuelven. Kevin no es un amante de las fotos y la música parece protegerlo de ese momento mientras su voz de barítono hipnotiza todo lo demás. Después llega a una amplia sala en la que se va a sentar y decir: “Dispare”.
Venís de una gira ¿por dónde estuviste y cómo fue la experiencia? Estuve en España y las Islas Canarias. En la Madre Patria hicimos una gira de varios shows que se convirtieron en diez días intensos, porque paralelamente estaba la promoción del disco y tuve días enteros de programas de televisión y medios escritos. Pero la verdad que España es como la patria de este hombre (mira al fotógrafo chileno), lugares que realmente han aceptado mucho los discos, los han escuchado y la combinación del boca en boca más algunos buenos comentarios hicieron que en esos países todo esté bien.
¿Cómo recibieron por allá temas como “La chica rollinga”? (Se ríe) Muy bien. Es un tema del que me encantaría hacer un video, porque es como un comentario de la argentinidad al palo, como diría la Bersuit, respecto de estas rencillas un poco zonzas de los partidismos dentro de la música. Decir cumbia o rock rollinga, o que la cumbia es una porquería… Los géneros no tienen la culpa de cómo se los interpreta, así que me pareció divertido el análisis de esta chica que deja al rock por la cumbia, también para pinchar un poco a los rockeros y jugar con esto de los “Rolling Clones”. La idea del clonaje musical está bastante presente en el disco. También en “Cliché latino, cliché gringo”, son temáticas que siempre han existido en la música, no es nada nuevo. Si escuchás Radiohead en Inglaterra después se hacen veinte Radioheads que salen de la nada, y en lo latino pasa lo mismo, cuando algo pega se busca inmediatamente lo parecido. Mi amigo Paulino Mosca me decía algo muy divertido respecto de los cinco pasos del artista pop, y utilizaba mi nombre… “Primer paso: el productor pregunta: ¿Quién es Kevin Johansen? “Segundo paso: ¿Queremos a Kevin Johansen? “Tercer paso: Contratemos a Kevin Johansen. “Cuarto paso: “Consigamos a alguien parecido a Kevin Johansen” “Y el quinto paso es: ¿Quién es Kevin Johansen?” Toma el abanico completo y creo que esa saturación es la que ha provocado lo que sucede hoy con la industria discográfica, que se pirateen discos, que se bajen por Internet. La ventaja es que en los recovecos de esta saturación entramos los alternativos, entonces está bueno para mí porque siempre fui un artista muy difícil de catalogar, pero ahora creo que hay un público para toda esa gente que está saturada de tanta repetición.
Solés decir que sos un “des-generado” ¿en qué momento te “des-generaste”? Yo creo que siempre fui un des-generado en el sentido de ser muy exigente respecto a la copia. Trato de ser lo más original posible, es decir, si hago una canción con dos acordes y suena como Pink Floyd o Coldplay, me voy para otro lado. No me puedo mentir a mí mismo. Y con respecto a lo de “Des-generado” es algo que surgió en España cuando me preguntaban (pone tono gallego) “Pues bueno ¿qué género haces?” ¡Y nada! Son canciones, y tienen que ver con un gusto por la música toda, hasta la que me llama la atención negativamente o me parece un poco mersa y digo: “¡Guau! Cómo se animaron a usar ese sonido” y al final te parece una genialidad. Creo que uno aprende de escuchar hasta de aquellas cosas que no le gustan.
¿Qué música sí te gusta? En lo personal tengo cinco o seis dioses de la música: los Beatles, Caetano Veloso, Jake Baker, James Brown, clásicos. Son referentes gigantescos de la música y hasta con ellos te pasa que los criticás. Por ejemplo cuando viene el último disco de Caetano, te ponés cocorito y decís: “A ver con que me viene este Caetanito”, y con que un tema te enamore, todo el disco te va enganchando. Los buenos discos me costaron y hoy para mí son clásicos. Creo que está buena la exigencia con los artistas, que no te gusten todos los temas de la Bersuit o de Kevin Johansen o de Babasónicos. Pero siempre está bueno que haya un tema que digas “¡Châpeau!”.
¿Qué te gusta del rock nacional? Del rock nacional me gustan muchas cosas y creo que el nivel está muy bueno. El delito siempre es caer en la tentación de la popularidad. En Argentina si no la pegaste grosso es como que no hiciste nada: si no te cantan en la cancha, si no saturaste los medios, o si no llenaste dos Vélez es como que no llegaste y es un poco riesgoso porque podés perder tu esencia.
Con “Down with my baby” tuviste ese tipo de exposición ¿cómo lo viviste? Lo viví con mucha alegría, fue a principios del 2003 y fue muy divertido porque salía y los chicos me decían “Gracias, me diste una alegría con mi novia”. Era un tema muy para los amoríos, daba para el cachondeo. A los dos meses me agarré la cabeza y dije: “¡Uy! Van a pensar que hago sólo esto” aunque después me alivié. Además la novela (Resistiré) estaba buena y era muy alternativa, entonces bueno: la novela es alternativa, yo soy alternativo, tenía su lógica. Paralelamente, ese disco (“Sur o no sur”) también pegó afuera, en Estados Unidos, en México, en España. Tuvo nominaciones a los Grammys, fue el primer disco que estuvo nominado a álbum del año con artistas como Alejandro Sanz. Yo no entendía nada, tenía esa búsqueda en el dilema de “Sur o no sur”. En España o México ni se enteraron de Down with my baby.
A la hora de componer ¿como trabajás las canciones? En realidad soy muy automático con melodías, puedo tararearlas y casi inmediatamente está viniendo una letra, o sea que la frase lírica viene con la melodía, vienen bastante en conjunto, y suele ser una línea de estribillo. Por lo general soy bastante estribillista y eso me lleva hacia lo demás, hacia el resto de la canción. El estribillo es como el nudo, como cuando dicen la introducción, el nudo y el desenlace.
También te definís como un “canta actor” ¿cómo sería eso? Sí, lo digo en broma porque hago un poco de actuación en el escenario y en algunas canciones me gusta ponerme en la piel de los personajes. Si canto “Sur o no sur”, estoy cantando como un sudaca que se está yendo, entonces estoy medio cabizbajo, en “Cumbiera intelectual” soy un pibe cabeza que se engancha con una mina que estudia filosofía y letras, en “No me abandones” soy un latino muy mujeriego que le pide perdón a la novia. Pero también canto desde mi persona, al cantar hay un efecto de empatía con los demás.
En los recitales el público se engancha mucho… Sí, es que hay una cuestión de diversión y se identifican también con cosas como “Sos tan fashion”, donde el público capta también una fase más crítica. Yo trato de no salirme del todo porque asumo que el fashion es un poco como Animal Planet, como el macho dominante o la hembra dominante. La moda tiene algo muy humano, esto de querer ser aceptado, entonces trato siempre de que haya una cuestión de empatía, que no sea crítica al pedo. No me alejo, al contrario, trato de zambullirme en esos mundos.
“S.O.S tan Fashion” es una canción con la que te morís de risa… Es que yo creo que los grandes cantautores, Sabina, Serrat o Leonard Cohen tienen frases que te hacen cagar de la risa, aunque siempre tienen un trasfondo serio. Yo trato de que tengan ese trasfondo dentro de la ironía. La ironía es tristeza disfrazada, un aspecto de reír por no llorar, cosas que me pasan a mí, como la pequeñez humana. Creo que el humor rescata mucho de esa crueldad, te obliga a una segunda lectura, porque te ponés a pensar y te preguntás que habrá querido decir ese hijo de su madre, porque esa letra que arrancaba con una boludez, al final te arranca el corazón.
Hablando de pequeñez humana, ¿como vivís la situación actual del país? Lo que sucede en el país es como la pequeñez humana galopante. Da mucha tristeza ver las carpas, que te pongo al toro y yo al pingüino, y se están cometiendo muchos errores, porque la gente que está en el medio es mucha y el aspecto de la prepotencia cae muy gordo, venga de donde venga. Como yo digo siempre: “la pequeñez humana es un fenómeno que no para de crecer”. Y hablando de frases, últimamente viendo programas tipo “Bailando por un sueño” vi que hay gente que realmente no necesita ir y mi frase de cabecera este año es: “¿Qué necesidad?” Hay personajes que deambulan y vos decís: “Pero este tipo es inteligente y esta mina factura bien: ¿Qué necesidad?” Volvió una cosa medio noventosa que no está buena. Son momentos en que me quiero escapar, pero también hay cosas buenísimas que están sucediendo a nivel cultural y la verdad es que el país está increíble. Espero que no matemos a la gallina de los huevos de oro.
¿Pensaste en actuar alguna vez? Sí, es más, actué cuando era jovenzuelo en algunos cortos de amigos cuando estudiaban, y en los videos siempre aprovecho para hacer algo, pero en realidad le tengo muchísimo respeto a la actuación, para mí es re difícil que te digan: “Che, ahora tenés que estar muy emocionado, llorar un poco y estar muy enojado después. Dale, hacelo”. Tengo muchas ganas de acercarme a la actuación, pero desde un lado desde el cual sienta que puedo hacer algo digno y que esté bueno.
¿Estás preparando un libro? Sí, estamos preparando un libro con dibujos de Liniers y con letra mía, que lo va a sacar Ediciones de la Flor. Está bueno porque es con Liniers, que es un sol. Yo digo que mis letras están pensadas para ser acompañadas de música, entonces este libro va a tener letras de Kevin Johansen y música de Liniers.
¿Cómo nació tu amistad con Liniers? Por un mail que me mandó. Me escribió y me dijo: “Qué bueno que está ‘Guacamole’”, que era de mi primer disco, y me contó que hacía “dibujitos” en Página/12, siempre con esa humildad que tiene, yo ya lo había visto en el diario, le contesté y bueno, de ahí en más pegamos buena onda y empezó a armarse una amistad que sigue hasta ahora…
¿Es cierto que pensás que tus temas van a trascender? Aspiro a eso, no lo afirmo. Aspiro a que perduren, creo que como cancionista es lo mejor que te puede pasar. Que saques un tema, que suene a full en su momento pero que en dos años, en cinco o en diez, haya una cantidad de gente que lo escuche y diga: “Está bueno”.
La chica rollinga “La chica rollinga se fue a la bailanta / tiro a la marchanta su vocación rockera” “Era grouppie de una banda stone / que se llamaba los Rolling Clones”
Cliché latino, cliché gringo “Pinche gringo, no entenés nada / pero te gusta, te gusta la panchanga”
S.O.S. tan Fashion “Estas tan wow! / estás en el tapete / no querés que nadie / (¡ni ahí!) / te baje el copete” “It’s ok, its ok, está bien / todos de blanco / ahora todos de azul / mañana todo amarillo / pasado todo de tul / sos tan fashion.”
Cumbiera intelectual “Yo no quiero que pienses tanto, cumbiera intelectual / Yo voy a rezarle a tu santo para que seas más normal...”