Notas > REPORTAJE > REPORTAJE - Iván Noble
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“Soy un tipo de ceremonias caseras”. A los cuarenta años y después de haber sido un indiscutido protagonista de la iconografía del rock vernáculo, Noble despide su último disco en el teatro Gran Rex en lo que él mismo define como una graduación. En esta entrevista repasa las elecciones y los placeres antes de recibirse oficialmente de cantautor.
 
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Texto: José Medrano
Fotografía: Gentileza Jorgela Argañaras

Anteojos negros y barba de días, Iván Noble llega a un bar atestado de gente en uno de los más coquetos Palermos de Buenos Aires. Pide un “sánguche” de salmón y una limonada. La imagen que presenta lo aleja muchísimo de aquel de rulos hasta los hombros y shorts de jean fundador del “rock chabón”. Ya tiene cuarenta años, está felizmente casado con Julieta Ortega, tiene a su hijo Benito y está a poco de su fiesta de graduación: se gradúa de cantautor sentido, centrado y adulto. La cita es el 28 de noviembre con un recital en el Teatro Gran Rex.
“Para mi se trata de un show bisagra”, suelta tranquilo y reconoce que en su caso es una segunda graduación porque como líder de “Los caballeros de la Quema” la primera fue en el Estadio de Obras. “El Gran Rex, para el tipo de música que estoy haciendo ahora es algo parecido y tenía ganas de hacerlo cuando las cosas estuvieran a la altura de las circunstancias. Siento que llegó el momento”, remata y se dispone a charlar.

¿Cómo recordás aquél Obras y cómo imaginás este Gran Rex?
El público cambió mucho y yo tengo diez años más que la primera vez que hicimos Obras. Quizás no es que cambió el público, sino que envejeció conmigo. También hay gente nueva, chicos que tienen 22 que escuchaban a los Caballeros pero que tenían 12 y no venían a los recitales. Por supuesto hay un público nuevo que se enganchó ahora. El recital va a tener su parte acústica, su parte eléctrica y varios invitados. Va a ser un show largo y no me sale hacer ningún tipo de distinciones, son todos bienvenidos.

¿Te encontrás mucho con gente que creció con tu música?
Creo que lo mejor que le puede pasar a un músico es que sus canciones sean compartidas por varias generaciones. Quizás ahora lo estoy viendo un poco más, pero es algo que le pasa a los grandes, a León Gieco, a Charly García… Yo apunto a que mi música perdure en el tiempo y no en el espacio; si yo ocupo mucho lugar ahora y de repente eso deja de ocurrir, sería como una cañita que se tira al aire y se desvanece. La apuesta es que perdure en el tiempo.

¿Cuáles fueron las grandes satisfacciones que te dio este disco que despedís?
Fue con el disco que más viajé y pude tocarlo mucho en vivo. Además fue una gran satisfacción su recibimiento, porque pensé que iba a ser más complicado de degustar, prácticamente acústico y mi miedo era que la gente pensara que le habían corrido el arco, y sin embargo fue el que mejor funcionó. A pesar de que tuvo canciones que sonaron mucho como “Oliva” y “BienBenito” es un disco que se recibió entero. Que la suerte de un disco no dependa de una canción es algo muy importante.

¿Qué te pasa cuando volvés a escuchar “BienBenito”, la canción para tu hijo?
En esa canción hay un montón de cosas que le quería decir, quizás cuando tenga quince haya otras cosas, pero cuando lo vi chiquito y de estreno en la vida quise dejarle constancia de cinco o seis cosas que piensa su papá. Iba a ser una canción entre él y yo, pero se la mostré a Afo Verde, el presidente de Sony, y me hizo notar que muchas canciones dedicadas a hijos después la gente las adopta como propias y la grabamos.

En una nota Julieta te definía como un escritor…
Cosas de ella (se ríe).

¿Te considerás un escritor?
Ojalá, pero no. Soy un escritor de canciones por ahora, para ser un escritor a secas todavía me falta.

Bueno, pero has escrito en distintas revistas…
Sí, pero son arrebatos que no tienen mucho fundamento, la verdad es que me gusta mucho leer y por ende envidio mucho a los escritores, pero sólo escribo canciones.

¿Qué estas leyendo ahora?
Estoy terminando de leer una novela muy larga, un clásico, “Viaje al fin de la noche” de Céline, que era un libro que me debía. Desde hace un año que estoy tratando de leer novelas largas. Me parece que hay libros que hay volver a leer o leerlos en determinada etapa de la vida, entonces volví a Dostoievski, a Proust, clásicos. Leonardo Favio me dijo una vez que ya no le quedaba demasiado tiempo y que entonces había decidido leer a dos o tres personas. Decidí elegir lo que leo.

Tus canciones tienen más que ver con la letra que con la música…
Si, pero tiene que ver con lo mismo, me gusta mucho leer. Además me cuesta entender a la música como una cuestión meramente rítmica o de ejecución y en una canción, cuando un tipo te habla al oído, más vale que tenga algo importante para contarte.

¿Estas escribiendo nuevas canciones?
Sí. En enero vamos a un grabar un DVD en vivo que va a ser una síntesis de los tres discos solistas más algunas canciones nuevas. Va a ser una suerte de “unplugged” y ya tengo escritas ocho o nueve canciones para que queden dos o tres.

¿Cuáles son tus influencias?
Me gusta leer las cosas que leen los grandes cantautores, mirar para atrás de Sabina, de Leonard Cohen o de Bob Dylan. Creo que hoy mis influencias pasan más por las lecturas que por otra cosa, ojalá tengan que ver más con lo literario que con lo musical, en realidad no lo sé. Me gusta Hemingway, Carver… pero que lea eso no quiere decir que se note, mucho menos que se acerque a lo que esos escritores simbolizan.

Sé que te gustan los compositores de tango, ¿te gustaría hacer tangos?
Yo creo que el tango como género tiene que ir de la mano de una orquestación que no conozco ni sé hacer. Ojalá que aunque siendo de otro género, algunas de mis canciones puedan leerse como tangos. Creo que algunos temas tienen eso, quizás “Fulanos de nadie” o “Cuatro de copas” tengan alguna vecindad. Creo que los intentos que tuvo el rock de “tanguearse” en general fueron fallidos.

Has sido muy crítico de los distintos gobiernos, ¿cómo ves al actual?
Este momento del país lo veo complicadísimo, difuso, hipócrita hay cosas que empiezan a dejar de estar. Me encantaría que mi hijo pueda jugar a la pelota en la calle, pero hoy en día no se puede salir a la vereda, me encantaría que mi hijo vaya a un colegio del estado y después al Dorrego de Morón, pero las cosas cambiaron y quizás yo le pueda dar otras cosas. Creo que todo pasa muy rápido y quiero que mi hijo sepa detenerse en algunos asuntos que no sean una PC, quiero que se embarre las rodillas y ojalá su mamá y yo sepamos transmitírselo.

¿Cuáles son las cosas que hoy considerás importantes?
Básicamente jugar con mi hijo, además me gusta tocar la guitarra con él. Después soy un tipo de ceremonias chiquitas y muy caseras: tomar mate cuando escucho AM, jugar al fútbol con mis amigos, las charlas y las pequeñas borracheras. Cada vez más creo que la vida tiene que ver con cuatro o cinco asuntos y termino sonando como mi abuela pero ya tengo cuarenta, y sólo cuatro o cinco titulares.

PING-PONG
Un libro

Crimen y castigo, de Fedor Dostoievski.
Un disco
Album blanco, de los Beatles
Una película
El Padrino II.
Un lugar en el mundo.
El cuarto de juegos de mi hijo.
Una comida.
Asado.
Una prenda de vestir.
Ojotas.



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