la tolerancia en las relaciones de pareja

Cuando trabajo con parejas les doy mucha importancia a las expectativas que cada uno tiene sobre cómo será su relación. A menudo, lo que un miembro de la pareja espera del otro es como una ilusión mágica. Creer que con sólo pensarlo va a suceder… Pero no es así. La ilusión se rompe ante la realidad del otro que disgusta y entonces la pareja entra en crisis. Por eso, sería importante que cada uno explicite sus expectativas, para que la otra persona se entere de ellas y se cuestione; cuando esto no sucede, los sobreentendidos generan malos entendidos.

Pongamos un ejemplo. Claudia está esperando durante mucho tiempo que Juan le traiga flores, que se acuerde de los aniversarios, que de vez en cuando le haga un regalo. Este no lo hace. Claudia comienza a sentir que Juan no la ama. Escucha con envidia a amigas suyas cuando comentan el ramo o la llamada telefónica que recibieron en el momento adecuado. ¿Alguna vez Claudia le comentó a Juan que para ella todo eso es importante? No. Ella sólo espera, espera y desespera, y atribuye significados negativos a la falta de atenciones de su pareja. Sin embargo, cuando comparte esa preocupación con sus amigas, recibe comentarios desconcertantes: “ Pero si Juan es un amor con vos: se ocupa de las cosas de la casa, es trabajador, organiza salidas, te trata con dulzura… Claro: no trae flores, no hace regalos, no se acuerda de los aniversarios… porque es un colgado. Pero no es falta de cariño”. Pero es en vano; Claudia sigue acongojada.

¿Qué sucede en esta pareja? Existe una diferencia crucial, entre lo que Claudia cree que es una demostración de amor, y lo que Juan considera como tal. Esa diferencia nunca fue conversada entre ellos.

La capacidad para reconocer y procesar las diferencias entre los miembros de una pareja es, precisamente, la tolerancia. Se compone de distintos elementos:

  • El respeto y la aceptación mutua.
  • El conocimiento del otro: ser experto en el otro, poder prever sus conductas, saber cómo reaccionará y cómo negociar con esa reacción.
  • La capacidad para construir soluciones que permitan armonizar las diferencias.
  • La flexibilidad: capacidad para reflexionar sobre la postura opuesta, admitir los propios errores, saber disculparse y poder cambiar de actitud.
  • La paciencia: saber esperar, teniendo en cuenta el tiempo del otro.

Pero la tolerancia tiene límites: termina donde empieza el maltrato, ya sea en forma de agresión activa o de descalificación. Cada persona, además, tiene límites propios de paciencia y flexibilidad. Si la tolerancia implica sufrimiento, deja ya de serlo. En una pareja, él y ella deberían reflexionar sobre qué cosas podrían tolerar, y hasta qué punto, y cuáles no.

¿Qué se puede hacer en una pareja para incrementar la tolerancia?

En primer lugar, hacer crecer el diálogo. Sería conveniente sustituir la imaginación por la palabra, el lenguaje gestual por el verbal: en vez de poner caras, hablar. Saber qué es lo que siente la otra persona; comprobar qué es lo que sucede, no lo que imaginamos que sucede. Esto nos ayudará a ponernos en el lugar del otro.

Acostumbro también a ayudar a las parejas a que investiguen la forma típica en que resuelven sus conflictos. Muchas personas, ante un problema, se pelean, discuten, pueden pasar días sin hablarse. Otras, en cambio, pueden dialogar hasta ponerse de acuerdo. Llegar a esto último requiere un entrenamiento… Encontrar recursos para resolver conflictos es crear nuevas formas de tolerancia.

Existe otro camino más para flexibilizar el vínculo en la pareja. Consiste, simplemente, en hacer algo que a uno no le interesa demasiado pero al otro sí lo apasiona. Hacer algo por amor, para darle gusto al otro. Son, por ejemplo, esos típicos actos de arrojo de las mujeres que acompañan a sus maridos a ver una película de acción, o de los hombres que cocinan para una cena que la esposa ofrece a sus amigas.

A veces, la tolerancia se logra de forma opuesta a la anterior: generando espacios diferentes para el desarrollo individual. Esto puede ser, incluso, enriquecedor como fuente de diálogo y aprendizaje.

Por último: cultivar el sentido del humor, reírse de uno mismo y de sus manías, ayuda a “desdramatizar” las situaciones de enfrentamiento.

En los días o meses del enamoramiento inicial, a nadie se le ocurre la palabra “tolerancia”; inclusos las actitudes que en otras personas nos molestan, son tomadas como graciosas y aceptadas en la persona a quien amamos. La tolerancia aparece luego, como una opción creativa, que permite que las parejas se re-construyan y se re-inventen una y otra vez.

Lic. Alicia Bittón
Psicóloga Clínica
Terapeuta familiar y de pareja
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