No me puedo separar - Psicología - Lic. Alicia Bittón

Esta frase la he escuchado  a menudo  y las justificaciones que las personas se hacen a sí mismas son muchas y variadas.

Tengo treinta años de casada, estamos en una crisis constante, no tenemos comunicación, los silencios son largos, nos aburrimos y por cualquier idiotez se desata una pelea. No lo soporto.  Si no me separo, ¿será porque lo quiero? (Albertina, 53 años)

Ella es agresiva, inflexible, no va a cambiar nunca. No podemos hablar entre nosotros. Tenemos hijos que todavía son chicos. Me da pena que tengan sus padres separados. (Joaquin,38 años)

La palabra separación surge diariamente pero nunca se concreta. No me imagino en esa situación. No puedo darle este disgusto a mis padres.(Marcela, 42 años)

Yo no lo hago por miedo a la parte económica. Si me separo tendríamos que vender la casa y con lo que sacaríamos no nos alcanza para comprar dos departamentos y amueblarlos. Mejor seguimos así y cada uno hace su vida. Somos un poco caretas pero socialmente nos conviene esta situación, no tenemos que mover nada.(Patricia, 65 años)

Mis padres se separaron y mi mamá, especialmente, sufrió muchísimo porque  mi papá tuvo una amante durante años. Finalmente la situación se descubrió y terminaron en divorcio. No quiero que mis hijos sufran y vivan la misma situación que yo viví. (Diego, 45 años)

Hace años que no  tenemos relaciones íntimas. Somos amigos, nos queremos y ya estamos acostumbrados de esta forma. Pero yo me pregunto,¿ así es el amor? Me lo planteo y no tengo respuesta. Me cuesta enfrentarme a un divorcio. No quiero sufrir.(Paula, 50 años)

Desde que empezamos a hacer tratamiento de fertilidad se arruinó todo. Se acabó el erotismo. Hay que tener relaciones a veces por obligación, para no perder el momento. La motivación es más de ella que mía. Le digo: “Paremos, dejemos fluir!”  Tengo ganas de separarnos porque ya no me atrae pero me da pena después de haber hecho tanto esfuerzo. Y quizá un hijo arregle la situación…(Mauro, 35 años)

Me costó años llegar a tener una posición económica estable y abundante como la que tengo. No es la mujer de mi vida. Estoy enamorado de otra mujer pero si me separo tengo que dividir mis bienes y darle la mitad. No  puedo aceptarlo. Me parece injusto.(Raúl, 48 años)

Simplemente no me separo porque tengo miedo a la soledad. Tengo 50 años, dediqué mi vida al cuidado de mi marido y mis hijos, no tengo una carrera profesional, no soy feliz pero si me separo ¿qué será de mí? ni siquiera se me ocurre en qué trabajaría. ¡Estoy asustada!( Liliana)

Las voces que acabo de transcribir provienen de la observación cotidiana en el consultorio, casos en los que las personas siguen con el vínculo de pareja pese a que no son felices. Se justifican y se convencen para no llevar adelante una separación aunque soportan situaciones a veces insalubres. Las peleas, el malhumor, la insatisfacción de estar “acompañado” por alguien  con el que no nos llevamos bien nos va desgastando y ¿cuál es realmente el verdadero miedo?: enfrentar una realidad y tratar, con nuestros recursos, de  salir adelante.

A lo largo de todos estos años he recogido mucha experiencia en terapias de divorcio. Parejas que querían y no podían separarse.  Frente a esta realidad existen diversos prejuicios que el terapeuta debe   trabajar con los implicados. El más frecuente que surge a menudo en las entrevistas es: “No lo hacemos por los chicos”.  Ante esta afirmación, yo les pregunto: ¿Ustedes piensan que los  chicos están mejor en este ambiente de discordia y de silencios?. ¿Acaso no pueden llevarse bien o ser buenos padres, después de una separación?

Cuando se encara un divorcio por más conflictivo que éste sea, es importante que el foco esté puesto en acordar arreglos en los que los dos cónyuges ganen o pierdan lo menos posible.  La desconfianza alimenta el miedo y no ayuda a afrontar y a  aceptar que esta pareja conyugal  ha llegado a su final.

Una receta para una buena separación sería:

Cuota grande de lucidez /  pensar en el bien de ambos/  generosidad /  no triangular a los hijos/aceptación/  asumir responsabilidad y compromisos / valor para tomar decisiones /  respeto mutuo / conversaciones sin violencia  y cuidadosas/ evitar sobre entendidos porque generan malos entendidos / tener en cuenta que el ideal es el enemigo de lo posible.

Sugerencias que podrían ser de utilidad:

Si no se logra tener este tipo de cuidado en las conversaciones, utilizar la ayuda de un tercero. Que cada uno se haga cargo de su cuota de responsabilidad en este enfrentamiento y que sepa que lograr una armonía en la separación es posible. Los hijos no deben intervenir, es un tema de la pareja.

Lic. Alicia Bittón
Psicóloga Clínica Terapeuta familiar y de pareja
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